domingo 24 de octubre de 2010

Siempre vuelves a mí
con tu rostro de nuestra catástrofe.
Con los ojos accidentados
me cuentas la historia
de cómo estuvimos a punto
de perfectamente no haber ocurrido.

Agredidos, lesionados.
Enfrentados con violencia
en una esquina de la vida en hora pico.

Te digo que eres los veintidós años que
llevaba sin respirar. Bajo el agua.

Me dices que me has rescatado.
Me dices que también hay accidentes que salvan.



6 Escúpelo:

Viajero vertical dijo...

A veces los accidentes se parecen a los milagros. Iba a decir que a veces tú, pero no es cierto. Siempre tú.

Chihiro dijo...

Si consideramos al accidente como una situación que no podía evitarse, es muy probable que sean salvadores de algo que si podía evitarse, o no. Como sea, me encantó tu blog. Tus palabras estan llenas de eso que se cuela en no se donde y produce cosquilleo en quien sabe que. Un abrazo grande.

Lumediana dijo...

Espectacular como todo lo que escribes, de verdad que eres muy buena, extraño cuando tardas en postear algo.

Chava (: dijo...

Me encantó, la forma en que escribes me hace pensar y a la vez sentir. Sigue así sacándome un suspiro con cada trozo de poesía.

Penelope dijo...

No se como es que ya no haz escrito nada, lo haces tan bonito, tan sincero. Me chingué varias entradas y me gustaron mucho, tu no cuentas las historias, las haces vividas.
Escribe más, por favor.

Ara dijo...

Las piedras también florecen y me lo dijo un edafólogo. Te quiero.